domingo, abril 05, 2009

UNA GOTA EN EL OCEANO



El hombre es un animal, sobre todo, simbólico. El apagón del sábado 28 de marzo, que sumió en la tiniebla un conjunto de monumentos colosales --ninguno de humilde belleza--, desde la ópera de Sídney hasta las pirámides cairotas, destacó por su simbolismo sin eficacia.



Todo lo que sea ahorrar una brizna de energía, o reducir la polución lumínica de nuestros cielos, parece bien. Aunque sea de modo tan nimio. Una hora aquí y allá, unos minúsculos watios. Una gota en el océano.


Somos muy aplicados para "emborrachar la perdiz. Los científicos --2.300 de ellos, nada menos-- acaban de decir desde Copenhague que el nivel del mar está subiendo el doble de lo previsto, para que en la reunión de las Naciones Unidas del próximo diciembre se haga algo para poner coto a la situación. Lástima grande que, como han señalado muchos de ellos, ya comienza a ser demasiado tarde para cataplasmas.


El remedio tardío e imperfecto, pero remedio al fin y al cabo, que pueda ponerse a esta gravísima situación para la humanidad, no es solo de prioridades, sino más bien de percepción social, moral y política de esas prioridades.
La crisis económica que se ha desencadenado desde hace unos meses estimula una conciencia aguda de peligro para el bienestar, que, a su vez, sirve de cortina de espeso humo ante peores desastres.

La economía, -se enseña en clase a los jovencitos-, es cíclica: ahora estamos en una fase desagradable, de la que, si los dioses no lo estropean, saldremos mañana.
Pero el desastre ambiental no lo es. La capacidad de autorregulación y reequilibrio de los ecosistemas naturales y de los ecosistemas sociales tiene un límite y obedece a normas muy distintas de las de la economía.


Junto a esta terrible dificultad --la de que un problema relativamente menor, aunque grave, oculte otro muy superior-- está la no menos seria de los optimistas irresponsables, cuyo afán consiste en tildar a quienes expresan preocupaciones como estas de catastrofistas, de profetas de la hecatombe y el apocalipsis.


Vamos mal. Mientras tanto, apaguen alguna que otra luz, pero que no dure mucho, por favor. La tele no, y tampoco la nevera. Que no cunda el pánico. Ya cundirá mañana.

Add to Google



0 Comments:

Publicar un comentario en la entrada

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home